Mis valores

El ser humano es un ser que piensa y siente, algunos más emocionales que racionales, otros más racionales que emocionales, pero no es discutible que la naturaleza del ser humano se representa por la razón y la emoción. Dos esencias que fluyen entre sí para determinar la naturaleza humana. Dicen que hay razones que el corazón no entiende y razón que tiene. El equilibrio de estas dos esencias hace que nuestro ser sea único. Sentimos y pensamos.

¿Qué sistema organizativo de la sociedad puede obviar la naturaleza humana? La razón necesita del los sentimientos, al igual que los sentimientos necesitan de la razón, por eso la gente muchas veces se encuentra en el dilema en ¿cómo ser? La respuesta es un equilibrio entre ambos en el momento adecuado.

¿Somos seres emocionales que pensamos o somos seres racionales que sentimos?

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El valor del conocimiento

La ignorancia es el peor de todos los males, la madre del miedo en los seres humanos que temen a lo desconocido. La ignorancia ha llevado a juzgar antes de conocer, ha llevado a menospreciar antes de saber, y ha cometido la mayoría de injusticias de nuestro planeta. El conocimiento es el valor que combate la ignorancia, es importante estar dispuesto a aprender y nunca sostenerse sobre unas ideas rígidas puesto luego puede que descubras que has estado equivocado y lo más importante, el reconocer que uno se ha equivocado. Es el gran paso para hallar la verdad.

Si no conocemos, no sabemos, no podemos juzgar, no podemos actuar. Porque curioso es el hombre, que tan poderosa dijo que fue Europa, que destruyó por el mundo como lobos todo aquello que no era a su semejanza, todo aquello desconocido o extraño. Aquello difícil de entender dijeron que fue obra de un ser maligno, perdiéndose así cosas tan valiosas que no podremos observar jamás.

La ignorancia está extendida en la sociedad, la importancia del conocimiento se remarca cada día. Contrastar, ser crítico y informarse, son esenciales para ser libres y poder hallar la verdad.

La crisis del conocimiento

A principios del siglo XXI, la sociedad se autodenomina como sociedad del conocimiento. Pero en realidad es un momento de la historia donde el conocimiento se encuentra en crisis. Se confunden destreza, conocimiento y saber. Se confunde astucia con inteligencia, la filosofía queda relegada a un plano invisible para la mayoría.

Se ha disipado el pudor a mostrar en público la propia ignorancia, e incluso con frecuencia se exhibe con orgullo, como un aditivo más de una personalidad apta para gozar al máximo del hedonismo y la inmediatez que proporciona un consumismo desenfrenado.

Ser ignorante no es incompatible, ni mucho menos, con tener dinero o glamour. Más bien al contrario, nos puede proporcionar una pátina de simpatía altamente empática a ojos de los demás. Cualquiera, con independencia de su formación y aun dando muestras evidentes de su falta de cultura y de ánimo de enmienda, puede acceder a lo más alto de la estructura social. En la misma medida que la ignorancia se ha normalizado y se ha prestigiado, el conocimiento no productivo se ha desacreditado, ha perdido cualquier atisbo de ser referente social y se ha cargado de connotaciones negativas.

Seguimos considerando que fuera del saber productivo generado por los expertos, cualquier esfuerzo intelectual resulta casi incompresible para una sociedad acomodada en la confortabilidad del entretenimiento predigerido y la espectacularidad vacua. Es la propia crisis del conocimiento.

Un mal que se ha de erradicar, la ignorancia es la causante de la mayoría de los males de la sociedad.

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El valor de la tolerancia

La tolerancia es el ejercicio para la fortaleza interior y el buen comportamiento con los demás, el equilibrio y la armonía con la sociedad. La intolerancia es uno de los males principales de la sociedad.

La intolerancia es esa incapacidad que tienen ciertas personas para tolerar lo que no sea de su agrado, y suele convertirse en la manía de odiar y rechazar las actitudes de aquellos que no sean compatibles con su forma de ser. Todo ser humano tiene el derecho a la disidencia y a la discrepancia ideológica, sin más deberes que el decoro y la urbanidad para con quienes piensen de manera diferente.

La tolerancia es la capacidad de respeto, comprensión y consideración de las opiniones, prácticas y creencias de quienes son diferentes y contrarios a sus formas de ser.

De alguna manera, en el afán de mejorar y perfeccionar la conducta de los humanos, hemos devenido en cruzadas de salvación, agrediendo y tratando de eliminar por prejuicios a quienes consideramos que tienen diferentes costumbres de las nuestras. Todos somos seres imperfectos. Todos tenemos defectos y cometemos errores.

Nos caracterizamos de los demás porque algunos deseamos perfeccionarnos y nos diferenciamos de aquellos otros que se satisfacen con la imperfección. Pero esta voluntad de perfección debe ejercitarse con respeto y tolerancia de las libertades de todos aquellos que quieren de ser como quieran ser. Podemos ser intolerantes con nosotros mismos, pero no con los demás.

La tolerancia, es una importante cualidad para aprender a convivir con quienes nos rodean, aprendiendo a discernir sobre la diversidad de la naturaleza humana como de todas las cosas de la naturaleza.

La ciencia descubrió que aquellos materiales rígidos que carecen de elasticidad y de flexibilidad no soportan las tensiones y se rompen con suma facilidad.

Las relaciones humanas son parecidas al comportamiento de elementos materiales. Se ha comprobado que una relación es más fuerte, cuanto más flexible y elástica es. La rigidez no es fortaleza. Sólo la elasticidad y la flexibilidad determinan la fortaleza y la tolerancia de los seres humanos.

Ser tolerantes es ajustarse a la diversidad de la naturaleza humana. Es convivir armoniosamente con nuestros semejantes a pesar de la multiplicidad de sus creencias y caracteres. Es respetar el libre albedrío de cada ser humano, sin hacer distinción por sus razas, creencias religiosas y políticas, ni condiciones sociales o económicas. Es el principio de la convivencia y de la fortaleza individual.

La tolerancia es el valor de la convivencia, sin ella, se romperían los vínculos de unidad entre los individuos y seria un principio del caos organizativo y destrucción de la justicia misma.

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El valor de la empatía

La empatía es un ejercicio para la fortaleza interior y el buen comportamiento con los demás. La empatía es el valor por el cual una persona ejercita la acción de ponerse en el lugar del otro y como consecuencia intentar comprender el porqué de las acciones.

Sabemos que no existe el mal y el bien, ya que a veces muchas acciones son fruto de la misma ignorancia, hechas desde la bondad pero con resultados negativos, por lo tanto, podemos llegar a comprender muchas veces el porqué de acciones que consideramos malvadas. Al ser un punto exterior de la mente del otro, nuestra capacidad de comprensión puede ser mayor, ya que muchas veces se puede llegar a comprender el subconsciente de las otras personas, cuando son ellas mismas las incapaces de averiguar su subconsciente. De esto trata la psicología, pero el hecho que haya expertos en la materia no quiere decir que la sociedad no deba ejercitar el valor de la comprensión hacia los demás.

La compresión es un pilar fundamental de la sociedad, es base del dialogo y evita malos entendidos.

El valor de la compresión es el que permite la cooperación, entre toda la sociedad, puesto que tolera y comprende y permite cooperar entre individuos que no tienen por qué tener muchas cosas en común. Sin el valor de la comprensión, la sociedad acabaría por autodestruirse.

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El valor de la compasión

El valor de la compasión en este caso, es el ejercicio pasivo de sentir lástima o pena ante la ignorancia de otro.

La compasión es el sustituto perfecto para el odio y el rencor. El compasivo, ante alguien ignorante que hace mal, le comprende y le compadece, sin la necesidad de odiar y sentir rencor por aquellos que aun no han encontrado el camino del bien hacer.

Ante actos que producen dolor, la compasión hacia aquellos que los produce, es esencial para no caer en la furia y el odio; sentimientos que nunca traen nada de positivo, ni al individuo ni a la sociedad en su conjunto.

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