El egoísmo
La persona que cae ante el egoísmo se centra en si mismo y en su propio placer. El ser egoísta solo piensa en él, su naturaleza le hace despiadado y actúa solo en su beneficio de su propio placer. Suele quedarse solo a lo largo del tiempo, ya que su naturaleza le impide compartir. No siente remordimiento en engañar a las personas para que se acerquen, suelen mostrar mascaras para engañar y jugar con los sentimientos de las personas. Considera a las personas meros instrumentos para su bienestar y su éxito social. El egoísmo es una enfermedad propia de la ignorancia, de una mente que es incapaz de situarse en el lugar del otro. El egoísta es incapaz de comprender que forma parte de un todo, y que depende del medio donde vive, se socializa y se relaciona para sobrevivir y que su organismo solo es incapaz de salir adelante. El egoísmo, puede derivar en personas manipuladoras, en ladrones, personas insolidarias, codiciosas, caprichosas, mentirosas y envidiosas; y todo para conseguir sus propios fines egoístas.
La solidaridad es la virtud que combate al egoísmo. La solidaridad constituye un valor primario en la organización social, fruto del respeto y la comprensión. La solidaridad también entendida como la generosidad del ser humano representa el hábito de dar y entender a los demás. La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía. La solidaridad también se entiende como altruismo, y es capaz de pensar en las demás personas y no solo en uno mismo. La solidaridad es un valor de sociedades civilizadas avanzadas, todo lo contrario al egoísmo.