Crisis de valores
En una sociedad individualista, lo más común encontrar es personas egoístas y egocéntricas. Piensan que su felicidad se alcanza a través de los placeres terrenales. El pensar en uno mismo solamente, el aprovecharse de las demás personas para conseguir bienes materiales lleva consecuencias nefastas a largo plazo. El sentimiento de vacío y la necesidad de adquirir más bienes son eso lo que demuestran que no han conseguido el fin con el que queríamos encontrarnos.
Las decepciones cuando perdemos cosas que teníamos, como el sentimiento de sentir que no se ha valorado lo que se tenía. La frustración de querer más y más y a veces no poder conseguirlo, el aburrimiento por cosas valiosas que se dejan de valorar.
El egoísmo y la individualidad comportan una gran dependencia del reconocimiento social para la autoestima y de los bienes materiales para saciar su sed. La esclavitud que esto comporta no permite alcanzar nunca la felicidad.
La única forma de hacer pasable una vida vacía por el método utilizado de la evasión constante. La esclavitud autoimpuesta solo se puede calmar a través de la evasión. Es fácil encontrarse a personas adictas a los placeres carnales o a sustancias que permiten a su mente no pensar.
La felicidad es siempre interior, nunca exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Por eso cada uno es responsable de su propia felicidad y por lo tanto nunca puede culpar a la sociedad de no haber conseguido sus éxitos.
El hombre, podrá necesitar emociones fuertes de vez en cuando, podrá necesitar sentirse vivo, pero siempre tenderá a buscar una serenidad, para estar bien consigo mismo y su entorno, una felicidad, para vivir la vida, y un bienestar que le proporcione una vida con menos dolor y sufrimiento. Para conseguir esto, cada ser humano ha de plantar desde pequeño una base fuerte de crecimiento personal, aunque nunca es tarde. Nunca será tarde para querer aprender. El saber disfrutar de las pequeñas cosas de la vida pero con moderación y con la mínima dependencia del medio son básicas para sentirse bien consigo mismo.
Pero si vamos más allá, y nos fijamos en donde vivimos y con quién, nos daremos cuenta que no estamos solos y para conseguir una sociedad mejor y una serenidad plena con uno mismo, cada individuo ha de fortalecer valores con los cuales se podrá constituir una sociedad mejor, más justa y más feliz.
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El exceso
Como dijo Epicuro; debemos rechazar los placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de ello placeres mayores. La naturaleza nos ha enseñado que todo placer físico en exceso resulta pernicioso y poco beneficioso. La gula y la lujuria, son dos ejemplos. El placer físico solo es positivo cuando se efectúa con moderación. La moderación es el valor para poder disfrutar de forma sana y felizmente de los placeres de la vida, sin perjudicar a los demás ni a uno mismo.
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La pereza
La pereza es la negligencia, tedio o descuido en realizar acciones, movimientos o trabajos. Se le conoce también como gandulería, flojera, haraganería, holgazanería; entre otros términos que pueden incluso llegar a ser peyorativos. Esta falta de ánimos para realizar cualquier actividad es un mal que hace a las personas más débiles. Se tiene que desalentar a través de la educación, con la pereza no se llega a ninguna parte, por uno mismo para sentirse mejor y para con la sociedad. La voluntad es la virtud que combate la pereza, la iniciativa de realizar cosas en la vida y seguir adelante, de una forma cooperativa en la sociedad en la que el individuo vive. La voluntad es fortaleza y puede crear a personas diligentes, si estas son responsables.
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La impaciencia
La impaciencia es el valor negativo de ansiedad, anhelo o intranquilidad por algo que se espera. La paciencia es la virtud que combate la impaciencia, y esta resulta la comprensión máxima de que todo sucede cuando tenga que suceder y que la impaciencia no sirve para nada, solo genera estrés y ansiedad. La paciencia es una virtud muy positiva ya que ayuda a aprender a disfrutar de los viajes de la vida. La muerte nos enseña que has de ser paciente para llegar al fin, y disfrutar mientras eso llega. La paciencia además, puede derivar en crear a personas dedicadas con su trabajo y que dedican tiempo y esfuerzo en realizar cosas que una vez llegadas a su fin, les pueda proporcionar una mayor satisfacción que haciéndolas de cualquier manera.
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La irresponsabilidad
La irresponsabilidad corresponde el valor de no aceptar las consecuencias de nuestros actos y de las obligaciones que tiene todo ser humano. En una sociedad civilizada y organizada, todo ser humano tiene derechos y obligaciones. La vulneración del derecho de otro o el no cumplimiento de las obligaciones son formas de irresponsabilidad personal. La irresponsabilidad también suele darse en personas que comenten actos malvados, de forma consciente o no, y se niegan a aceptar las consecuencias. La irresponsabilidad puede derivar a crear personas deshonestas, inmaduras, despreocupadas o indecisas. La responsabilidad es la virtud contraria a la irresponsabilidad, y por lo tanto, son personas que aceptan las consecuencias de sus actos. La responsabilidad puede derivar a crear personas honestas y diligentes.
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El egoísmo
La persona que cae ante el egoísmo se centra en si mismo y en su propio placer. El ser egoísta solo piensa en él, su naturaleza le hace despiadado y actúa solo en su beneficio de su propio placer. Suele quedarse solo a lo largo del tiempo, ya que su naturaleza le impide compartir. No siente remordimiento en engañar a las personas para que se acerquen, suelen mostrar mascaras para engañar y jugar con los sentimientos de las personas. Considera a las personas meros instrumentos para su bienestar y su éxito social. El egoísmo es una enfermedad propia de la ignorancia, de una mente que es incapaz de situarse en el lugar del otro. El egoísta es incapaz de comprender que forma parte de un todo, y que depende del medio donde vive, se socializa y se relaciona para sobrevivir y que su organismo solo es incapaz de salir adelante. El egoísmo, puede derivar en personas manipuladoras, en ladrones, personas insolidarias, codiciosas, caprichosas, mentirosas y envidiosas; y todo para conseguir sus propios fines egoístas.
La solidaridad es la virtud que combate al egoísmo. La solidaridad constituye un valor primario en la organización social, fruto del respeto y la comprensión. La solidaridad también entendida como la generosidad del ser humano representa el hábito de dar y entender a los demás. La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía. La solidaridad también se entiende como altruismo, y es capaz de pensar en las demás personas y no solo en uno mismo. La solidaridad es un valor de sociedades civilizadas avanzadas, todo lo contrario al egoísmo.
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La soberbia
La humildad es el valor de reconocer nuestras propias limitaciones, de aceptar nuestros errores y reconocerlos, de crecer aprendiendo. La humildad es la cualidad del sabio, pues sabe que se puede equivocar y que no lo sabe todo, sin embargo, la soberbia es todo lo contrario, es de áquel que se muestra grosero con las personas, incapaz de reconocer sus errores y limitaciones, nunca aprende es un ser inactivo pues no tiene la suficiente humildad para preguntar ¿por que?