Sobre la libertad y la igualdad

La libertad y la igualdad representan la cúpula de la pirámide del pensamiento ilustrado y deben ser aplicados correctamente.

Durante siglos, la libertad era denominada como la liberación de los pueblos esclavos ante los tiranos opresores. Durante siglos, la igualdad fue la personificación perfecta del afán por igualar a todo ser humano a unos estándares dogmaticos.

La libertad y la igualdad deben entenderse bien para evitar ser utilizadas de forma demagógica y contraria a su propósito.

La libertad es el valor universal en el cual al hombre se le da el derecho de obrar todo aquello que considere oportuno para conseguir sus deseos y su ansiada felicidad. La libertad es un componente natural, en cambio la igualdad es un componente artificial que pone límites a la libertad. La libertad debe entenderse como la capacidad de libre albedrio que tiene una persona de ejecutar todo aquello que le plazca sin límites, la libertad en su grado máximo representa una jungla, donde el más capaz sobrevive. Pero entiendo la naturaleza y sobre la necesidad de organizarse, precisamente por el hecho de que todo está relacionado y coordinado, el ser humano necesita crear un límite a la libertad, añadir el conocimiento y la razón para comprender que actos libres pueden acabar generando tales desigualdades que pueden romper la estructura coordinada de la humanidad, y como consecuencia su autodestrucción.

La libertad acaba cuando empieza la del otro, la igualdad parcela la libertad de todos los ciudadanos para que todos tengamos el mismo grado de libertad.

Todo esto surge en el momento en el que el ser humano se coloca como un parásito del planeta. Deja de ser un depredado, a ser únicamente depredador; se desprende de los equilibrios naturales de autorregulación gracias a la capacidad pensante del mismo. El ser humano desde entonces se convierte en un ser cuyo su primer enemigo es el mismo y debe aprender que ante una falta de autorregulación natural, es necesaria una autorregulación artificial, ya que en su caso extremo, cuando un ser se desvincula de las autorregulaciones naturales de supervivencia, la libertad de éstos, acaba por autodestruyéndose como regulación extrema de la naturaleza.

La libertad, es la que conduce a la autodestrucción, ya que ésta, entendida como valor en servicio a los deseos personales, produce que los seres humanos que lo lleguen a comprender la naturaleza que les rodea acaben por extralimitándose en sus libertades pudiendo agredir a los de su misma especie, y como último exponente a prácticamente el resto de la humanidad, despreciando todo lo que un ser puede ignorar y ciego de egoísmo particularista.

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