El principio de autonomía
El principio de autonomía, constituye, el primer principio de la formación de los derechos humanos. La cuestión que aquí se nos plantea es, ¿Por qué un ser humano debe ser autónomo?
La historia nos ha demostrado que no el hombre no ha sido totalmente autónomo. Ha habido periodos de esclavitud, de normas muy rígidas de conducta… Pero, todo esto queda ya en conflicto en el principio de igualdad de las personas, explicado en la parte segunda de este capítulo.
Hemos de considerar, por lo tanto, a todo la humanidad como sujeto en posesión del valor de la autonomía individual.
Podría darse el caso, que una de las justificaciones que se argumentan en contra de la autonomía personal, es precisamente el paternalismo y el perfeccionismo. Una de las consideraciones que tienen numerosos pensadores de la historia, es en pensar de qué el ser humano no está capacitado de por se para ser autónomo, y necesita pautas para guiarse en la vida. No deja de ser cierto, que el hombre no nace con todo aprendido, pero la cuestión sería entonces, ¿quién sino, puede ser el que dicte los pasos de los humanos?
Una de las respuestas en la antigüedad (e incluso hoy en día) es Dios, ya que si ningún hombre está capacitado para guiarse en su vida, sólo Dios podrá guiarlo.
Uno de los problemas que plantea esta respuesta, es la imposición dogmaticas de una serie de valores que han sido escritos directamente por el hombre, sean de inspiración divina o no, el único argumento válido para la aceptación de una serie de principios y normas seria el discurso moral como se explica en la primera parte del capítulo.
Es evidente, que el ser humano ha de estar organizado como se explica en la primera parte y ha de constituir un marco legal en el cual guiarse, pero la cuestión viene dada en ¿hasta dónde ha de llegar este ámbito normativo en la interferencia de la libertad de cada individuo?
La concepción perfeccionista, lleva a valorar unos planes de vida mejor que otros y por lo tanto propone alentar un tipo de conductas en la sociedad. Sin embargo, esta forma de pensamiento olvida lo que se denomina el bienestar personal, que se basa en el mayor de los casos en la satisfacción por la autorrealización.
En cierto modo, se ha podido observar y comprobar, que el ser humano alcanza una mayor felicidad cuando se siente autorealizado para conseguir sus objetivos y no por el objetivo en sí. A partir de aquí, se observa como existe una forma independiente del ser humano. Los anhelos de realización personal y de preferencias diversas, determinan que el ser humano para poder alcanzar la felicidad y el bienestar, ha de ser libre.
Cumpliendo con el principio de la tolerancia del capítulo siguiente, el propio ser humano es el que se encarga de establecer un nivel de exigencia y una forma de vida que más le convenga, sin imponer una forma de vida que se considere mejor, ya que esta al fin y al cabo, solo es una percepción, y el “mejor” es completamente relativo a cada uno.
La libertad, como se explica en el primer capítulo, es un principio esencial. El propio desarrollo de la libertad personal es fundamental para todos los seres humanos.
El principio de autonomía, se basa entonces en que el ser humano es autónomo para poder desarrollar una personalidad propia y una vida propia según sus gustos y preferencias.